Son los sueños un engaño (II)



¿Quién podría despertarse
si supiera que, al amanecer sus párpados,
verá la noche interminable que fue ayer,
hoy, mañana, siempre?
¿No sería la ceguera más horrible,
esa ausencia de ilusiones, de motivos
que incitaran a unos ojos cansados de todo
a seguir abriéndose, cada día?

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