Son los sueños un engaño (I)



Voy borrándome de todo cuanto vivo
como piel muerta en los labios de la memoria.
Cinco minutos antes, hoja fresca en la rama.
Ahora mismo, si rebusco lozanía
no la encuentro.

Es verdad
que mudo a otoño en cada paso
huraño, lento, aburrido;
que voy dejando tras de mí un tajo abierto
—por donde la nada discurre—;
que veo frondosa la higuera de nubes
como valla que cerca mi viaje
estrecho, abrupto, fugaz.

Sin embargo, el espacio sin materia
que se impone en lo que he sido
y en aquello que estoy siendo,
no vacía la esperanza.

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